Acabo de cumplir 20 años. Dicen que tengo buena conversación y no se me conocen problemas mentales preocupantes. Los obreros de mi calle y los rondadores de los pubs insisten en que estoy buena. Seguro que no sospechan que soy virgen.
Este es un artículo de protesta. De protesta contra las normas sociales que nos hacen perder las riendas de nuestra vida para darselas a los Otros, a aquellos a los que eternamente hay que satisfacer y con los que eternamente hay que "quedar bien". A los perpetuos reponsables de la validez o no de nuestras vidas y de nuestra persona. Basta. Se acabo.
¿Por qué tanta preocupación?. Hoy porque aún eres virgen, mañana porque todavia estás soltera, no tienes hijos o no te has casado. Todos estos temas tienen su momento. Cuando llega. no hay dudas. Cuando la persona es la adecuada, todo tu cuerpo lo sabe, tú lo sabes. Si no llega la única alternativa posible es el engaño. Un engaño que satisface a quienes te contemplan que te envidiaran por tu "vida feliz" pero que a ti no te llena. Hace un año mi máxima preocupación era que iba a cumplir los 20 y aún era virgen. No soportaba que saliera el "temita" y tener que contemplar las caras de impresión de la gente cuando se enteraba "¿cómo es posible?" "¿qué tendra esta chica?" parecían preguntarse. El mundo gritaba "SEXO" y Penélope tan solo había atisbado un poquito se esa maravilla de cuatro letras que a la gente no se le caía de la boca. "Hay que disfrutar, tener noches de pasión, ligarse a un macizo".

Las oportunidades no escaseaban y un día surgio la ocasión perfecta. Conocí a un chico. Hubiera ganado el premio "Cosmo" a fichaje estrella del año. Era moreno, guapo, rico, había trabajado en todos los tópicos sexuales (camarero de restaurante italiano, socorrista de playa, prácticas de bombero...) y tenía una voz arrebatadoramente seductora. Todo ello unido a su "enorme sensibilidad", su desprecio a "ese tipo de chicas" y sus ganas de tener una relación estable que durara más de una noche, porque "esos rollos no le gustaban". Por eso al segundo día de conocernos me invitó a su casa a "ver una película", por eso me llevó a su habitación, por eso "hacía calor" y empezó a quitarse la ropa.
¿Y que hizo Penélope?.
Ella no entendía nada.
Por una parte pensaba que era afortunada. Estaba allí con el chico al que todas sus amigas admiraban, con el ligue que cualquiera hubiera deseado conquistar. Era guapo, gracioso, tierno... A ella le gustaba. Por eso le había dicho "si", y le había dejado quedarse, así, practicamente desnudo. Por eso le había permitido rastrear su cuerpo y cubrirla de besos y caricias. Por eso sus manos se llevaban su camiseta de lycra y la falda escalaba por su cintura hacia arriba.
Todo era como tenía que ser pero algo fallaba.
Su corazón no latia ferozmente. No sentía la dulce excitación de la felicidad, nisiquiera la trepidante excitación del deseo. Aquello no era más que un cumulo de ingredientes perfectos que alguien juntó con la promesa de un Paraiso que sólo existía en suempeño por tergiversar la verdad, convertirle a él en príncipe y a ella en princesa. ¿Pero quién había elegido aquello? Ella no. Yo no lo había elegido. Y probablemente él tampoco. Él perseguía a la provocadora a la vez que dulce chica de la falda y yo al sensual a la vez que "dulce" camarero del restaurante italiano. Sólo ideas. No la realidad. Podría presumir de mi primera vez con aquél "chico cosmo-perfecto", podría él hacerlo de su noche con la chica de la falda. Pero los dos viviríamos una mentira. No lo había. No había "eso", que nadie sabe qué es, pero que no quedan dudas. Por eso el "NO" salió de mis labios como un canto rotundo pero armonioso, como la idea más clara, la luz en medio de la duda.
Y en ese momento no tuve las más minima acerca de que había hecho lo que tenía que hacer.
Porsupuesto no volví a saber nada de él. La gente no consiguió entender del todo mi reacción y tuve que aguantar las habituales caras de "¿cómo pudiste echar a perder una oportunidad así?" o, como dijo otra amiga mia "que boba fuiste, ahora igual no tienes otra ocasión hasta los 23". ¿En que mundo vivimos? ¿quien toma las decisiones?. Hoy puede ser tu virginidad, mañana tu novio, pasado puedes casarte con quien no amas porque "se te pasaba el arroz". No olvides jamás que tu vida la vives únicamente tú y lo que digan los demás sólo es importante cuando tú lo haces importante. Hoy por hoy ese tema ha caído del abanico de mis preocupaciones. Si me encuentro en un callejón sin salida -no me gusta pregonar mi vida privada- no me importa decir que soy virgen ni me veo forzada a mentir o dar la callada por respuesta. Cuando tenga que pasar, pasará. Mientras tanto lo único que está en mi mano es ser sincera conmigo misma. En el fondo, siempre sabemos cuando no lo somos. No voy a buscar candidatos y moldear mi mente para convencerme de que hago lo correcto. No lo voy a hacer. O hay eso o no lo hay. Así de facil. Con 20 o con 30, mi vida me pertenece y cada momento importante de ella será real, y uno una historieta que me conté a mi misma para quedarme con la conciencia tranquila y mantener una vida de perfección a la que se le caen las letras por el camino.
Recuerda, no se trata de serlo o no serlo, de estar soltera/o o no estarlo. No hay mejores ni peores. Sólo se trata de sinceridad.